Camilo Torres, 60 años después: desacralizar la memoria para hacer eficaz la vida

Quienes nos hemos comprometido con las causas sociales no lo hemos hecho, en realidad, por una idea. Lo hemos hecho porque en Colombia el mercado y el Estado matan: por hambre, por abandono, por despojo, por miedo. Muchas veces ha matado de manera literal, con sus aparatos armados o con su indiferencia administrada. Ha sido un Estado al servicio de las oligarquías, y en las últimas décadas, al servicio de la mafia; eso explica la dificultad del actual gobierno, que no tiene el control del aparato estatal. Pero esto fue lo primero que entendí en mis años juveniles: que hay una violencia estructural anterior a la violencia insurgente, una violencia “normalizada” que se llama pobreza y que exige explicaciones, pero sobre todo exige respuestas.

En los ochenta, en medio de esa atmósfera que hoy suena remota y sin embargo vuelve a respirarse, yo leía a Camilo y leía el Evangelio. Leía con esa mezcla extraña de fervor y vergüenza que deja la huella del dolor ajeno, un dolor injustificable. Tomé entonces una decisión que ha sido fundamental en mi vida: “es necesario que me comprometa con el cambio social, pero nunca voy a tomar un arma, no voy a matar a nadie”. Pero también aprendí a entender por qué tantas personas honestas —y no pocas veces luminosas— sintieron que apoyar la revolución era apoyar la vida. En ese tiempo, “revolución” era una palabra que quería decir: que el hambre no espera; que la injusticia no se corrige con paciencia infinita; que la dignidad no puede pedir turno.

Camilo aparece ahí como una herida abierta y como una pregunta. Murió en combate el 15 de febrero de 1966, en Patio Cemento, Santander, tras vincularse al ELN a finales de 1965. Su cuerpo —desaparecido durante décadas— se volvió parte de una violencia política que sigue siendo un método: desaparecer los cuerpos para imposibilitar el duelo, impedir la ritualización de la muerte, arrancarle a la gente incluso la posibilidad de llorar en un “lugar”. María Fernanda González, Mafe, lo expresó con una claridad brutal: ocultar el cuerpo no fue gratuito; era una forma de negar ritual, negar memoria y restarle potencia a lo que Camilo representaba como figura múltiple: sacerdote, académico, comunicador, organizador (I).

Y hoy, cuando el retorno del cuerpo entra al debate público y se anuncia su llegada a la Universidad Nacional, se nos devuelve —como un espejo— la pregunta decisiva: ¿qué estamos haciendo con esta memoria de Camilo?, ¿en qué obras se han traducido nuestras opciones?, ¿cómo se vuelve eficaz aquello que decimos amar?

1. EnREDados: Una palabra que abraza las luchas por la vida

En EnREDados Colombia, no hablamos de Camilo desde el recuerdo frío que se tiene ante una estatua de mármol. Para nosotros, es el compañero que nos enseñó que la comunicación popular debe ser para la paz, lo cual no significa simplemente narrar la guerra o contar muertos. Nuestra apuesta es hacer visibles las luchas por los derechos y la construcción de una vida digna que ya sucede en los barrios y campos (II). Camilo es nuestro precursor en cuanto entendió que la palabra y el periódico deben ser herramientas para que el pueblo se organice y narre las versiones de su propia historia (III).

Eberhar «el Flako» Cano Naranjo nos recordaba en la entrevista que la memoria de la forma como se comunicaba Camilo puede ser una «memoria militante»: un acto de libertad que nos sirve para analizar el pasado, pero, sobre todo, para pensar el presente y abrir futuros posibles (IV). Como decía Mafe, no representamos a las comunidades populares. Las acompañamos para que disputen la palabra y cuenten su historia desde la dignidad y la resistencia (V). Camilo sabía que si la comunicación no sirve para que nos juntemos y tomemos conciencia, se queda en una palabrería que no transforma nada (VI).

2. El Camilo humano: Sonrisa, afecto y el dolor de la miseria

A veces los libros nos entregan un Camilo puramente ideológico, pero los relatos de quienes compartieron su cotidianidad nos devuelven a una persona cuya identidad se construía siempre en el encuentro. Camilo no era un «individuo autónomo» forjando un destino heroico en soledad; lo movía una ternura inmensa que nacía de reconocerse profundamente en el dolor de los demás (VII). En el documental de Marta Rodríguez, se evoca la voz de un Camilo que no sentía el hambre del prójimo como un dato estadístico, sino como una herida propia: “Me dolía ver a esas mamás que no podían darle comida a sus hijos… me dolía ver a los campesinos que se parten el lomo y no tienen qué ofrecerle a su familia” (VIII).

Su liderazgo no fue el de un «iluminado» que decidía desde un pedestal de cristal, sino una construcción comunitaria que surgió de su cercanía y compromiso con las comunidades populares. Camilo fue ese punto de referencia colectivo donde el pueblo reconoció y concentró sus propias esperanzas de justicia. Era una persona afectuosa y de sonrisa permanente, capaz de conquistar hasta al ateo más confeso con su sencillez y buen humor; su sonrisa no era un gesto exterior, sino el reflejo de una humanidad que invitaba a la unidad (IX, X, XI).

Sus decisiones más trascendentales no fueron actos impulsivos, sino que se gestaron como una obra compartida en la confianza de sus afectos: charlando durante horas en la cocina de su casa mientras su madre, Isabel Restrepo, preparaba café, o debatiendo con amigos cercanos y pares académicos, como Orlando Fals Borda, sobre cómo hacer que la ciencia fuera realmente eficaz para la vida de las mayorías (XII, XIII). Se le recuerda en los barrios como Tunjuelito, siempre sonriente, con su máquina de escribir y su teléfono a cuestas, convencido de que solo en el diálogo con las amigas y amigos y con el pueblo se encontraba el camino correcto (XIV, XV).

Buscaba la unidad por encima de los dogmas, entendiendo que el líder es quien logra articular lo que une a la comunidad frente a la miseria. Por ello, fue tajante al desmarcarse de etiquetas para priorizar los objetivos comunes:

“Los comunistas deben saber muy bien que yo tampoco ingresaré a sus filas, que lo sepan, ni como colombiano, ni como sociólogo, ni como cristiano, ni como sacerdote. Sin embargo, estoy dispuesto a luchar con ellos por objetivos comunes” (XVI).

3. El imán de la unidad: Camilo como el reflejo de un deseo colectivo

Camilo Torres se convirtió en un referente que sigue convocando porque buscaba la justicia para los más pobres. Él concentró los afectos y las esperanzas de las mayorías; fue un hombre de la élite bogotana que, al decidir «traicionar» la comodidad de su clase para caminar con los oprimidos, atrajo por igual a intelectuales, estudiantes y sectores populares (XVII, XVIII). Su figura se volvió el espejo donde muchos vieron reflejado su propio deseo de cambio, pero esa misma fuerza lo convirtió en el centro de una disputa profunda sobre lo que significa ser un símbolo para un país en guerra.

Esta memoria de Camilo carga con una «doble faz»: sectores del pueblo lo veneran como un mártir de la liberación, pero otros sectores lo demonizan por su vinculación a la insurgencia (XIX). En esta tensión resalta la paradoja de una jerarquía eclesiástica que, habiendo defendido históricamente la doctrina de la «guerra justa» hasta la llegada del papa Francisco, y continuado con la práctica de bendecir los ejércitos, censuró la opción de Camilo tras haberle cerrado ella misma todas las puertas de incidencia legal y académica (XX). Camilo no se fue al monte por un simple capricho ideológico. Lo hizo acorralado por un hostigamiento estatal y clerical que incluyó amenazas y, como recordaba «el Flako» Cano, al menos un atentado real contra su vida en la ciudad (XXI). Ante esa doble cara de lo sagrado, hoy buscamos rescatar su humanidad: esa persona tierna y sonriente que tomó sus decisiones más difíciles rodeado de amigos, y cuya fuerza radicaba en un compromiso que no buscaba la muerte, sino hacer eficaz la vida (XXII).

4. El Frente Unido en el siglo XXI: Desafiar la oclusión digital y el capital

La denuncia de Camilo sobre una minoría excluyente que asfixia el desarrollo de las mayorías mantiene una vigencia aterradora, aunque sus formas operativas hayan mutado radicalmente. Hoy, esa estructura de poder no solo reside en las familias poderosas tradicionales, sino que se ha reconfigurado en complejos engranajes empresariales, mafiosos y financieros que imponen fenómenos como la gentrificación y el desplazamiento territorial en favor de la rentabilidad del turismo de élite (XXIII)

Frente a esta dispersión, la propuesta de un Frente Unido puede adaptarse como una plataforma plural que no busque la uniformidad ideológica, sino la articulación de lo diverso. Esto implica reconocer que el sujeto de transformación actual es un ecosistema heterogéneo donde convergen las juventudes del estallido, las comunidades étnicas y el precariado urbano, junto a quienes son «no alineados» porque no encuentran espacio en la política tradicional (XXIV, XXV). Recuperar este legado exige construir un poder popular que trascienda la simple disputa electoral y se arraigue en la defensa de la bio-armonía, priorizando el cuidado de la vida y el territorio por encima de la lógica de la acumulación, transformando así la indignación en una organización comunitaria capaz de disputar las herramientas del presente (XXVI, XXVII).

5. El Amor Eficaz: Una revolución ética de la noviolencia

El concepto vertebral de Camilo es el Amor Eficaz, una categoría que hoy resuena como un imperativo ético frente a un sistema que prioriza la rentabilidad sobre lo humano. Camilo nos enseñó que el amor al prójimo es una declaración vacía si no busca soluciones reales para el bienestar de todos: “Este amor, para que sea verdadero, tiene que buscar eficacia” (XXVIII). No se trata de una invitación a la eficiencia fría del mercado, sino de una revolución ética que busca transformar todo el orden social mediante la acción colectiva organizada y la búsqueda de una «bio-armonía» que proteja la vida en todas sus formas (XXIX). Como explica Carlos Angarita, la médula de esta propuesta no está ligada intrínsecamente a las armas, sino a una praxis de obras de justicia y de defensa de la vida que brota del encuentro cara a cara con el otro, permitiendo que la caridad sea una fuerza histórica de transformación estructural y no solo un alivio momentáneo (XXX, XXXI).

Sin embargo, para hacer eficaz este amor, es necesario enfrentar la herida de la desaparición que atraviesa a Colombia. Camilo fue, durante seis décadas, un cadáver desaparecido, un símbolo de los miles de cuerpos arrebatados por la guerra para impedir el duelo y arrebatarle a la gente el derecho a la ritualización y la memoria (XXXII, XXXIII). Desaparecer su cuerpo fue un acto de violencia política que buscó sepultar su legado multifacético en el silencio del olvido (XXXIV). Ante esto, podemos a construir una «memoria amorosa»: un ejercicio narrativo y relacional que devuelva la vida a los que nos han sido arrebatados y los traiga de nuevo como «restos insumisos» a la vida política de su comunidad (XXXV, XXXVI). La construcción de la paz puede nacer entonces de los territorios, sanando las heridas del pasado y recuperando esa Casa común donde la solidaridad y el cuidado mutuo hagan que el amor por la vida sea, finalmente, más potente que la inercia de la violencia (XXXVII, XXXVIII).

6. Una academia con el pueblo y un camino hacia el diálogo

El regreso de los restos de Camilo a la Universidad Nacional no puede ser un acto meramente protocolario, sino una interpelación profunda a la función de la educación superior en Colombia. Este retorno nos obliga a exigir otro tipo de academia: una que deje de lado la obsesión por los rankings y la producción de artículos de «alto impacto» que, aunque sumen citaciones, resultan insignificantes para la vida de las comunidades populares (XIL, XL). Como sugería Carlos Angarita, se trata de volver a aprender a caminar con el pueblo, cara a cara con los empobrecidos y las víctimas, rescatando la propuesta de Fals Borda de una ciencia que asuma el compromiso ético hasta las «últimas consecuencias» (XLI). Una academia comprometida no puede ser neutral ante la injusticia ni limitarse a ser eficiente para el modelo productivo; su verdadera eficacia radica en producir conocimiento con las comunidades populares, en los territorios y en función de construir vida digna, reconociendo en el saber popular una fuente legítima de transformación social (XLII, XLIII).

Al ELN, el mensaje de Camilo hoy no sería un grito de guerra, sino un llamado urgente a la superación de la vía armada. El Amor Eficaz en el siglo XXI exige aportar a la transformación social a través del diálogo, la construcción de acuerdos entre diferentes y una participación política real que no sea suplantada por el estruendo de los fusiles (XLIV). Como explica la investigación sociológica, la deuda histórica de la insurgencia con Camilo se paga fortaleciendo el poder popular y las vías democráticas, permitiendo que sea la voluntad organizada del pueblo la que defina el destino del país (XLV, XLVI). La paz verdadera debe nacer de la escucha en los territorios, sanando las heridas de la guerra y reconociendo que los medios violentos, hoy degradados por fenómenos como el narcotráfico, contradicen la esencia del amor al prójimo que Camilo defendió hasta su muerte (XLVII).

7. Para las juventudes: «La lucha es larga, comencemos ya»

Muchos jóvenes que vivieron el Paro Nacional sienten hoy el cansancio de ver que los cambios estructurales son lentos y difíciles. Camilo mismo reconoció su impaciencia y cómo su «afán» le impidió consolidar una organización de base sólida antes de partir (XLVIII). Como nos recordaba Mafe en la entrevista, es necesario aprender a fracasar para seguir sembrando, entendiendo que el amor eficaz es una construcción de largo aliento (XLIX).

El mensaje de Camilo hoy para los jóvenes sería de paciencia estratégica: no se dejen ganar por la decepción ni por el sectarismo. Como él mismo escribió en su primer mensaje al pueblo: «La lucha es larga, comencemos ya…» (L).

Hoy, cuando esperamos que Camilo Torres vuelva a su casa académica tras décadas de ausencia, reconozco su humanidad sonriente y su compromiso inquebrantable. Este texto quiere invitar a quienes lean a hacer este ejercicio de acercarnos a su humanidad, con sus propias paradojas y límites, así como con su luminosidad y ternura. Desacralizar su memoria es traerlo de nuevo a la calle, a la olla comunitaria y al salón comunal, para recordarnos que el amor solo es verdadero cuando se vuelve eficaz para defender la vida. Al final, como al comienzo de este camino, la dignidad no tiene por qué seguir pidiendo turno.

Referencias

El presente texto fue realizado con asistencia de NotebookLM como herramienta de soporte en el procesamiento de información.

(I) González, M. F. (Mafe). (2026, febrero). Entrevista sobre el legado de Camilo Torres en los sectores populares (M. R. Solarte Rodriguez, Entrevistador) [Transcripción de audio].

(II) EnREDados COL. (s.f.). Iniciativa de comunicación popular en Colombia, apostando por la defensa de la vida, el territorio y la PAZ.

(III) González, M. F. (Mafe). (2026, febrero). Op. cit.

(IV) Cano Naranjo, E. (Eberhar). (2026, febrero). Entrevista sobre juventud, comunicación popular y resistencia (M. R. Solarte Rodriguez, Entrevistador) [Transcripción de audio].

(V) González, M. F. (Mafe). (2026, febrero). Op. cit.

(VI) Cano Naranjo, E. (Eberhar). (2026, febrero). Op. cit.

(VII) Herrera Farfán, N. A. (2022). El amor eficaz de Camilo Torres Restrepo: elementos para la discusión. Revista Kavilando, 14(1), 28-39.

(VIII) Rodríguez, M. (Directora). (s.f.). Camilo [Película documental]. Transcripción de archivo de audio y video.

(IX) Broderick, W. J. (1977). Camilo Torres: El cura guerrillero. Círculo de Lectores.

(X) Lüning, H. (2016). Camilo Torres Restrepo: sacerdocio y política (J. A. Díaz, Trad.). Universidad Nacional de Colombia.

(XI) Pérez Ramírez, G. (2009). Camilo Torres Restrepo: profeta para nuestro tiempo. Ediciones La Tierra.

(XII) Pérez Ramírez, G. (2009). Op. cit.

(XIII) Herrera Farfán, N. A. (2018). Ética, sociología y política: Diálogos y encuentros entre Orlando Fals Borda y Camilo Torres Restrepo. Revista Kavilando, 10(2), 558-566.

(XIV) Torres Restrepo, C. (1965, 2 de septiembre). Mensaje a los Comunistas. Frente Unido, (2).

(XV) Angarita Sarmiento, C. E. (2026, febrero). Entrevista sobre el pensamiento de Camilo Torres y la realidad del ELN (M. R. Solarte Rodriguez, Entrevistador) [Transcripción de audio].

(XVI) Broderick, W. J. (1977). Op. cit.

(XVII) Pérez Ramírez, G. (2009). Op. cit.

(XVIII) Martínez Morales, D. (2011). Camilo Torres Restrepo, cristianismo y violencia. Theologica Xaveriana, 61(171), 131-168.

(XIX) Lüning, H. (2016). Op. cit.

(XX) Cano Naranjo, E. (Eberhar). (2026, febrero). Op. cit.

(XXI) Rodríguez, M. Op. cit.

(XXII) Cano Naranjo, E. (Eberhar). (2026, febrero). Op. cit.

(XXIII) Torres Restrepo, C. (1965, 9 de diciembre). Mensaje a la Oligarquía. Frente Unido.

(XXIV) González, M. F. (Mafe). (2026, febrero). Op. cit.

(XXV) Cano Naranjo, E. (Eberhar). (2026, febrero). Op. cit.

(XXVI) Cano Naranjo, E. (Eberhar). (2026, febrero). Op. cit.

(XXVII) González, M. F. (Mafe). (2026, febrero). Op. cit.

(XXVIII) Perea Sandoval, C., y Meneses Cabrera, T. (2017). El amor eficaz como alternativa de resistencia democrática a la violencia neoliberal. Polis, (46), 1-14.

(XXIX) Cano Naranjo, E. (Eberhar). (2026, febrero). Op. cit.

(XXX) Torres Restrepo, C. (1965, 26 de agosto). Mensaje a los Cristianos. Frente Unido, (1).

(XXXI) Perea Sandoval, C., y Meneses Cabrera, T. (2017). Op. cit.

(XXXII) Angarita Sarmiento, C. E. (2026, febrero). Op. cit.

(XXXIII) Herrera Farfán, N. A. (2022). Op. cit.

(XXXIV) González, M. F. (Mafe). (2026, febrero). Op. cit.

(XXXV) Solarte, M. R. et als. (2025). Memoria de futuro: Perspectivas de la memoria amorosa de las víctimas del conflicto armado en el Magdalena Medio. Editorial Pontificia Universidad Javeriana.

(XXXVI) Meloni, C. (2019) en Solarte, M. R. (2025). Op. cit.

(XXXVII) Solarte, M. R. (2025). Op. cit.

(XXXVIII) Solarte, M. R. (2025). Op. cit.

(XXXIX) Solarte, M. R. (2025). Op. cit.

(XL) Cano Naranjo, E. (Eberhar). (2026, febrero). Op. cit.

(XLI) Angarita Sarmiento, C. E. (2026, febrero). Op. cit.

(XLII) Torres Restrepo, C. (1964). La Universidad y el cambio social.

(XLIII) Angarita Sarmiento, C. E. (2026, febrero). Op. cit.

(XLIV) Herrera Farfán, N. A. (2022). Op. cit.

(XLV) Torres Restrepo, C. (1965). La Universidad ante los problemas del cambio socio-económico del país.

(XLVI) Pérez Ramírez, G. (2009). Op. cit.

(XLVII) Pérez Ramírez, G. (2009). Op. cit.

(XLVIII) Pérez Ramírez, G. (2009). Op. cit.

(XLIX) González, M. F. (Mafe). (2026, febrero). Op. cit.

(L) Torres Restrepo, C. (1965, 26 de agosto). Mensaje a los Cristianos. Op. cit.

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