Capitalismo: El mito del eterno retorno

En los años 90 un historiador inglés, Leslie Bethell, explicaba el surgimiento de algunas organizaciones anticomunistas en México entre 1938 y 1940. Decía que “eran organizaciones débiles y efímeras que a menudo dependían de los caprichos y la ambición de un caudillo envejecido. Pero eran indicio de un cambio real en el clima ideológico: un resurgir de la derecha (una derecha liberal que iba a menos y una derecha autoritaria y agresiva que era cada vez mayor y que seguía modelos extranjeros)”[1]. En ese contexto, el resurgir aparece como una vuelta a ideales prerrevolucionarios.  Pero, más allá de eso, lo que nos interesa aquí es que se hable de un resurgir de la derecha por la misma época en que los fascismos italiano y alemán están consolidándose en Europa y que, en estos tiempos que tránsitamos, mentes críticas también nos hablen de lo mismo, de un resurgir          de la derecha.¿Qué es ese fenómeno? ¿De qué se trata?

Pensemos un poco la pregunta: “¿Hay un resurgir de la derecha en nuestra época?” La primera alarma se dispara con la palabrita “derecha”. ¿Qué es eso?, ¿a qué se refieren con ese sustantivo quienes lo usan? Una pista aparece cuando la vemos enarbolada sobre las biografías de personajes icónicos: Hitler, Mussolini, Pinochet, Nixon, Reagan, Tatcher, Laureano Gómez o, más recientemente, Bolsonaro, Álvaro Uribe, Milei, Netanyahu. Aunque con políticas diversas y credos variopintos, esos personajes comparten algo en común. ¿Pero qué? Digámoslo de una vez, el asunto se resuelve por la economía. No por la política, pues hay nacionalsocialistas como Hitler, demócratas liberales como Nixon y anarcocapitalistas como Milei; tampoco por el credo, pues hay ateos como Mussolini, católicos conservadores como Laureano Gómez y judíos como Netanyahu.

En cambio, cuando pensamos en la economía aparece la coincidencia. Si se propone, se apoya, se gestiona, se defiende o se valida un sistema económico donde haya explotación, entonces, ahí está la derecha. No importa cómo se aplique (con qué política) ni cómo se legitime (con qué credo). Si hay seres humanos explotados, ese sistema es de derecha.

El primer sistema que se nos viene a la cabeza, por lo explícito de la explotación, es el esclavismo. Personas sometidas a otros como cosas que pueden comprarse y venderse; productores de las riquezas de los esclavistas; la deshumanización al servivicio de la producción. Sencillo: los esclavistas y quienes defendieron o defienden ese sistema son de derecha.

Con variaciones, lo mismo encontramos en el feudalismo. Siervos sometidos a un trabajo sin retribución justa; como los árboles o las bestias, son otros elementos adicionales en los feudos de los señores que disfrutan en sus palacios del resultado del trabajo servil. Reyes, nobles, señores feudales y terratenientes de todas las pelambres son de derecha.

El capitalismo fue más allá, hizo del trabajador una mercancía y, además, le hizo creer que era libre. Millones de horas de trabajo para poder sobrevivir se vuelven oro en las manos usureras de los capitalistas. Bajo una paradoja absurda, el trabajador se deshumaniza mientras más trabaja para el capital y el capitalista se hace más rico mientras más explota a sus trabajadores. Por eso, un “capitalismo más humano” es una contradicción en los términos: no puede ser humano aquello que por su propia esencia es deshumanizante. Es muy sencillo, todo aquel que promueva, defienda, gestione, aplique o valide al capitalismo, también es de derecha.

¿Hay diferencias? Sí. No es lo mismo el capitalismo industrial del siglo XIX que el capitalismo financiero del siglo XXI, pero son notas de color muy útiles para hacer estudios socioeconómicos. En cualquier caso, se trata de explotación. El análisis de las variaciones nos llevará de progresismos como el de Árbenz en Guatemala o los recientes de América Latina hasta los extremos fascistas o anarcocapitalistas. Y no hay que dudarlo, unos son más funestos que otros. Pero, para nuestra definición, todas son variaciones de una misma melodía, la explotación. Y esa es la derecha.

¿Y la izquierda? Vira del otro lado, simple. Defienden, promueven, validan, gestionan sistemas económicos que no estén basados en la explotación, libres. También hay variaciones, por supuesto: teología de la liberación, socialismo, anarquismo, colectivismo, zapatismo. Se organizan de manera distinta, profesan distintos credos, pero todos propenden por un sistema económico que no sea explotador. Por eso, no deja de causar risa y sorpresa que los opositores de Biden lo hayan llamado “de izquierda”; también causa desconcierto que a Petro lo llamen de izquierda. Él mismo aclaró en una entrevista que no lo era y, además, fue muy claro en el discurso del día de su victoria electoral: “Nosotros vamos a desarrollar el capitalismo en Colombia. No porque lo adoremos. Sino porque primero hay que superar la premodernidad en Colombia, el feudalismo, la nueva esclavitud”[2]. Si no es de izquierda y apoya al capitalismo, ¿qué es?

Pero, volvamos a la pregunta: ¿está resurgiendo la derecha?, que aparece ahora un poco más clara; ya sabemos de qué hablamos. Sin embargo, esa misma claridad nos muestra que preguntarnos por su resurgimiento, o su retorno si se quiere, parece que está fuera de lugar. Más bien habría que preguntarse si alguna vez se fue. Salvo algunas excepciones notables de gobiernos de izquierda en el mundo, la mayoría de sus países conservan sistemas económicos de explotación. En América Latina no ha sido diferente. Están el gobierno de Allende en Chile, Cuba, los primeros años de la revolución nicaragüense y el bastión de Chiapas, nada más. La derecha se ha enseñoreado sobre nuestra tierra desde los tiempos de la colonia (esclavismo); se mantuvo durante los años posteriores a las independencias con un feudalismo autóctono que concentró la tierra en las manos de los antiguos criollos; luego, todo eso mezclado con un industrialismo incipiente a comienzos de siglo XX que ilusionó a muchos pueblos con el estado de bienestar.

Han pasado muchos gobiernos por nuestros países, unos con políticas menos nocivas para la población, respeto a derechos humanos, libertades electorales, con asistencias sociales y esas cosas; otros, con represiones terribles que sembraron de muertos nuestros campos, de horror nuestros corazones, de desaparecidos nuestros recuerdos, de sofismas nuestra educación, de vacío nuestra esperanza. Variaciones que nos permiten comprender mejor las oscilaciones de la derecha, pero que no nos pueden confundir: la derecha empieza donde empieza la explotación. Sólo que el mundo se corre cada vez más hacia la extrema derecha. Lo que antes se identificaba claramente como una bandera de la derecha, piénsese en el interés de los liberales por expurgar a la religión de las escuelas, o en cómo un genocidio pasa por una guerra de liberación, ahora parecen características de la izquierda.  

No, la derecha no está resurgiendo. Está ahí, vive entre nosotros, regenera su piel cada tanto, como las serpientes; nos encandila con sus promesas de algodón bajo la forma de una candidez liberal para adormilar nuestro espíritu rebelde, para que imaginemos que somos libres. La pregunta tal vez debería apuntar a develar qué formas adopta la derecha, por qué lo hace, cómo se oculta, cómo transforma las relaciones de poder, cómo podemos enfrentar su estructura básica, la explotación.

Quizá ahora se entienda mejor por qué Bethell veía en la organizaciones anticomunistas de México de finales de los 30 el indicio de un resurgir de la derecha.


[1] Leslie Bethell (ed. lit.), Antonio Acosta Rodríguez (trad.), Historia de América Latina, Crítica, Barcelona, 1990. Tomo XVIII, pp. 58-59

[2] El discurso de Gustavo Petro: «Vamos a desarrollar el capitalismo en Colombia. No porque lo adoremos» en CNN 19 de junio de 2022. Disponible en: https://cnnespanol.cnn.com/2022/06/19/petro-discurso-capitalismo-colombia-elecciones-orix

✍️ Luis Alberto Valderrama

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