Oler la noticia: Eran las nueve de la noche del seis de noviembre, en pleno ombligo de una semana que volvería a poner en boca de la gente el tema de los, coloquialmente llamados, Falsos Positivos.
Llevaba como diez minutos escroleando, sentado en la tasa del baño de mi amigo, en un conjunto al sur de la capital. Ya me había limpiado la cola y había bajado la cisterna, así que el olor típico de mi porquería se desvanecía en el humo de un cuadro de papel higiénico enrollado, que había encendido para disimular el descongestionante nasal natural. De pronto, sentí de nuevo el hedor, ahora más vomitivo, aunque ajeno: un deshonorable representante a la Cámara, murciélago de los colombianos al desangrarnos con el sueldo devenido por su mediocre gestión, gesticulaba en un video de Tik Tok, pujando para defecar por la boca un sartal de argumentos pútridos, sustentados en falacias.

El representante a la Cámara, Miguel Polo Polo, había subido un video a sus redes sociales en el que tomaba unas botas decoradas con imágenes y mensajes de solidaridad, justicia y paz, que se encontraban exhibidas en la Plaza Nuñez del Congreso y las botaba en una bolsa de basura que sostenía el activista cristiano Jonathan Silva. Dichas botas habían sido colocadas allí por las Madres de Falsos Positivos (Mafapo), en compañía de campesinos que se solidarizaron, a modo de homenaje y acto de memoria y resistencia respecto a sus hijos, víctimas de la “seguridad democrática” del expresidente Uribe. A dichos jóvenes se les engañó (ofreciéndoles trabajo a algunos) para luego ejecutarles despiadadamente, vestirles de guerrilleros, ponerles las botas al revés y presentarles como resultados operacionales de la homicida y excelentísima gestión del presidente eterno.
En el video, Polo Polo cuestionaba venenosamente: “¿Quién le habrá pagado a esos trescientos campesinos que vinieron aquí al Congreso a ensuciar la plaza Rafael Núñez para poner estas botas, haciendo apología a los seis mil cuatrocientos dos falsos positivos? Que, entre otras cosas, esta cifra no puede ser soportada ni por los tribunales de Justicia y Paz, ni por la Fiscalía General de la Nación, ni por la JEP.” y continuaba: “Por esta razón estas botas tienen que ir a donde pertenecen: al canastro de la basura. Pero sabe cuales datos sí son reales y qué cifras sí están respaldadas: el número de niños reclutados por la guerrilla de las FARC, muchos de ellos asesinados, otros violados… (…)el número de policías, militares masacrados por el terrorismo de las guerrillas de izquierda en este pais y los ciento cincuenta y cuatro lideres sociales que han sido asesinados nada más este año…”
Suelo escuchar y decir que no hay, de la variedad de cacas, una más apestosa que la humana y creo que estamos en lo cierto, pero nos ha faltado aclarar que no es precisamente la que se depone en un sanitario la más fétida, sino la que vilmente sale de la boca, incluso adornada con las palabras más educadas e intelectuales; como diría mi santo padre: “es como echarle perfume a un bollo”.
Salí del baño a comentarlo con mi amigo Elias “el franco” Cardona, que no dudó en mencionar el asco que le producía e hizo un comentario propio de un comunicador social: “Es increible la viralidad que alcanza… hasta a mí me sale en el Feed y eso que lo tengo bloqueado por todas partes”.
Y es que precisamente en eso consistía el show mediático del politiquero, algo así como lo de que “no existe mala publicidad, solo publicidad”. Como títere de la élite, el representante perpetuaba un discurso de odio que no solo botaba a la basura el dolor de las madres y la memoria de sus hijos, sino que buscaba enemistar las víctimas de un lado y del otro, bajo la falacia de que era mayor el número de víctimas para algunos y por eso dejar las botas allí, en un acto que redignificaba la memoria de las víctimas y el valor incalculable de sus vidas, era “ensuciar la plaza Rafael Nuñez”…

Oír las “opiniones”: pasaron el número sagrado de días porque, como por justicia divina, me vine a enterar por Elías que el trece de noviembre las madres se habían dirigido al congreso para solicitar que el funcionario se retractara, ofreciera disculpas públicas y fuera sancionado. Incluso, una de ellas, la Sra. Ana Delia Páez Muñoz, cargada de dolor y rabia por la manera en que el indolente había pasado sobre la memoria de su hijo y su dignidad propia como madre, había golpeado en el brazo al representante en la discusión. Y no era el mínimo golpe de la señora al funcionario lo que me animaba, no quiero ser mal entendido, era la escena de estas mujeres enfrentadas ante la indolencia, bajeza y falta de humanidad que representaba Polo Polo, eran ellas y todas las víctimas oprimidas por esta clase política y económica que hace mucho perpetúa la guerra en el país porque la codicia les ha arrebatado la humanidad.
Ese día oí varios comentarios horribles; oí que un acto violento, como el de la Sra Ana contra un servidor público no podía ser tolerado… Que eran más las víctimas de la guerrilla, aliada de la izquierda colombiana que las de estas madres… Una serie de contradicciones y falacias que no me extrañaban, pero si me dolían. Nuevamente se incidía en la opinión pública y las personas, sugestionadas por contenidos de tal calaña creían que daban su opinión, que pensaban…

Probar el almuercito: El lunes dieciocho de noviembre, revisé mis redes sociales a la hora del break, en mi trabajo: las madres de Mafapo habían acudido, junto con algunos senadores como Iván Cepeda, María José Pizarro y María Fernanda Carrascal para denunciar al in-funcionario ante la Corte Suprema de Justicia.
En lo que navegaba por las redes fui a parar con una muy buena explicación de porqué debía ser sancionado Polo Polo. El embajador Guillermo Rivera explicaba en un video en su cuenta de X que la Ley 1448 de Víctimas en Colombia reconocía como víctimas a quienes habían sufrido daños por el conflicto armado y a sus familiares directos. Esta ley también, en su artículo 178, numeral tercero, obligaba a los funcionarios públicos a tratar a las víctimas con respeto y humanidad. Con ello, pensé, si una de las causales de pérdida de investidura, según nuestra legislación es el incumplimiento de los deberes inherentes al cargo, las madres estaban cobijadas bajo la norma para pedir la destitución de la marioneta por esa y más infracciones, no solo legales, sino éticas, políticas, históricas…

Yo masticaba la idea del presente texto y el almuerzo que mamá me había preparado. Mamá, con sus manos benditas y su sazón…
En mi casa el patriarcado, que todo lo permea, ha tenido que dar pasos atrás: por el trabajo de confección en satélite de mamá, que la tiene la mayoría del tiempo sentada frente a sus máquinas, mi padre, campesino inculcado con los buenos valores de un macho, lava la loza y pone el almuerzo como cualquier persona lo puede, lo debe hacer, pero ese lunes mamá me había empacado el almuerzo y yo no dejaba de pensar en el horror que podía ser para ella perderme… Enviudada antes de mi alumbramiento, mamá ha luchado por mí y conmigo. Suele decirme “Jiran, yo decidí tenerte, hijo, sabiendo lo que venía con ello… Decidí que ustedes, mis hijos, fueran mi proyecto de vida y lo són…”. Si yo fuese un joven de Soacha o un soldado del ejército, mamá sufriría de igual manera. Y si el arte, representado en las botas de la plaza núñez, ha sido la manera de llevar el duelo de estas mujeres ¿qué tan falto de humanidad se tiene que ser para botarlas a la basura?

Ver la solidaridad: Al día siguiente a la denuncia, acudí a la Plaza Nuñez para cubrir un acto simbólico liderado por la Red Colombiana de Líderes Juveniles (Red Kolumbien) y llevado a cabo por el colectivo de teatro Luces Para la Paz.
Cuando llegué, como a las cuatro y media de la tarde, llovía y el gris de las nubes contrastaba con la luz de un atardecer que se derramaba como oro fundido por las paredes de piedra del Congreso. La estatua de Rafael contemplaba el suelo brillante por el agua que caía.
La idea era simbólicamente hermosa: volver a colocar las botas sobre la plaza, en un performance con el que el colectivo Luces rendía homenaje a las madres y expresaba su solidaridad para con ellas.
Ver la obra fue conmovedor. El apañe entre unos/as y otros/as era atestiguado por un cielo, pintado de morado. Los abrazos lanzaban un mensaje de unidad y respaldo bellisimo
Hablé con algunos de los asistentes y registré su mensaje para las personas tras la pantalla del celular: Ana María Ortiz, coordinadora del Nodo de Construcción de Paz y DDHH de la Red Kolumbien indicó: “(…) verifiquen, conozcan la historia; recuerden que las víctimas de este país no son solo números, sino fueron personas con familias, con amigos, con historia y esa historia es importante rescatarla, recordarla porque el que se recuerda nunca muere… (…) la construcción de paz de este país es un trabajo de todos y todas… (…) y parte por eso, por empatizar con quienes han vivido el conflicto de cerca…”. También, Alberto Almonacid, director de la Fundación Domo Internacional para la Paz (Domopaz) quiso enviar un mensaje: “Los colombianos -empezó diciendo- tenemos que conocer nuestra historia; cuáles han sido, precisamente, los fundamentos de la violencia que ha tenido este país a lo largo de estos setenta años. No podemos estigmatizar un sector o el otro. Naturalmente hay unas víctimas pero hay que conocer las causas sociales (y) políticas que se han generado a través de esas circunstancias. Entonces, no podemos polarizarnos a través de unas narrativas como las que se han venido generando los últimos días porque hay que entender quiénes son los autores, el porqué se han dado esas circunstancias de uno u otro bando social o político, porque hay unos intereses de fondo… (…) y para ello los invito a leer muchísimo y tener, precisamente, diferentes fuentes de información.”. Finalmente, Valentina Bohórquez me obsequió una síntesis del mensaje para con las personas de apie, las que nos sumergimos en la pantalla para escapar, así sean los veinte minutos del break, de nuestra cotidiana faena; dijo: “Desde el arte queremos construir un país en paz, a nosotras no nos importa los muertos de quién (son)… (…) Creo que la narrativa y el discurso que tenemos que hoy privilegiar… (…) es cómo construimos un mañana sin guerra, un mañana sin que salgamos a buscar a nuestros muertos, un mañana en el que ya no lloremos por nuestros desaparecidos… (…) una Colombia en paz.”
Sentir el abrazo: Sabrá Dios si con un interés genuino de reparación, pero supe yo que lo hizo en todo caso, el veinticinco de noviembre me descubrió con la noticia de que el activista cristiano Jonathan Silva había pedido perdón a las madres por sus actos, diciendo: “Yo no tengo nada que explicar, solo les vengo a pedir perdón. Soy un hombre cristiano y les voy a decir algo, esto no me lo enseñaron en una iglesia. Hoy bajo mi cabeza y me duele el corazón y lo que hice es algo que no puede representar mi fe. Yo asumo la culpa. No vengo de un barrio estrato seis, vengo de Ciudad Bolívar y sé cómo es esto y no me explicó del porqué accedí a hacer esto. Soy una persona conservadora y que se considera de derecha y eso no me hace inhumano y lo que yo hice fue inhumano”. Y eso, nuevamente, se vendría a instalar en la lista de simbolismos de esta historia ya que en esta fecha se conmemoraba e Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres.
Si uno hace memoria, uno de los antecedentes históricos de esta conmemoración es precisamente el actuar de un estado sangriento y genocida, encabezado por el dictador Leónidas Trujillo, alias El Chivo, en República Dominicana, que un 25 de noviembre de 1960 asesinó a las hermanas Mirabal a garrotazos. Pero Las Mariposas volaron a la eternidad, una eternidad también terrenal que les recuerda, les hace honor y se ve representada por estas madres que se revelan ante los genocidas e indolentes.
Para la puntada final me enteré también que la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), anunció que el 28 de noviembre daría a conocer una lista con novecientos nombres… Varios de los otros nombres no pueden ser revelados por la seguridad de sus familiares, pero ante las disculpas del activista Jonathan y la revelación de la lista de la JEP, hoy los hechos nos dicen que estuvimos del lado correcto de la historia. La verdadera historia, no la que cuentan los tiranos que creyeron vencer, irá a revelar el lugar que ocupaste, estimado/a lector/a y es por ello que he querido brindar un par de datos que te permitan asumir un lugar con criterio, desde tu humana empatía.…
Entonces, me devuelvo un poco para avanzar… Papá cumplió años el 22 de noviembre y le dí cien mil pesos como ayuda para que comprara sus gafas, de regalo. Tengo tanto porqué agradecerle, pero entre todas las cosas, el permíteme y animarme a sentir es una de las más importantes. Papá a veces llora y me dice que me quiere. Nunca me ha cohibido de expresar mis emociones, a pesar de su crianza a punta de rejo, donde “los machos no lloran”: “Llore, mijo”, me suele decir . Y es ese mi reclamo para con la clase política y económica que oprime a mi pueblo: ¡DÉJENOS SENTIR!
Empatía y solidaridad son distintas. La empatía tiene que ver con la capacidad de ponerse en los zapatos del otro, sentir lo que el otro siente y la solidaridad con las acciones respecto a eso que siento; poder hacer algo por el/la otro/a. Para podernos solidarizar los/as unos/as con los/as otros/as debemos partir por sentir empatía, pero a través de palabras de odio, como las de Polo Polo, que manipulan la opinión pública, nuestra opinión, que se hace a partir de lo que vemos y oímos en las noticias y las redes sociales, se ve manipulada, entonces, nos quitan la capacidad hasta de sentir empatía. Los gamonales, el statu quo, con falacias y por medio de títeres políticos como Polo Polo usan las redes sociales, conscientes del poder de la comunicación para recrear el disenso, incluso, frente a un sentimiento universal y presente en ricos y pobres, católicos y evangélicos, viejos y jóvenes…: el duelo. La vida no tiene un valor numérico o monetario y en eso queremos volver a crear consenso, empatía, solidaridad.

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