Claves para las pazes en Colombia

El pasado 12 de noviembre, en el Auditorio Alejandro Novoa de la Pontificia Universidad Javeriana, se llevó a cabo el conversatorio “La paz como cultura”. Este evento fue organizado por la Delegación del Gobierno Nacional para la Mesa de diálogos para la paz con el Ejército de Liberación Nacional (ELN) y el Instituto de Derechos Humanos y Construcción de Paz Alfredo Vásquez Carrizosa, de la Universidad Javeriana. Contó con la participación del profesor Manuel Salamanca; el Almirante (R) Romero Reyes; la asesora de la Delegación, Mery Rodríguez; Camilo León, de la iniciativa de comunicación popular EnREDados Colombia; el Padre Elías López, experto en reconciliación y construcción de paz; y Pastor Alape, firmante de paz.

A lo largo del conversatorio, sus visiones y sentires se encontraron para abordar temas clave para la construcción de paz en Colombia, destacando la importancia del diálogo como herramienta transformadora, la comunicación como un puente para la inclusión y la esperanza, la espiritualidad como una fuente para superar los conflictos y la construcción de una paz cultural que parta desde las personas, reconociendo su diversidad. Estos aportes invitaron a repensar las narrativas, cuestionar las barreras que perpetúan la violencia y asumir la responsabilidad colectiva de promover una vida digna y en paz para todos y todas.

Pastor Alape planteó que el primer punto de la fuerza transformadora radica en el diálogo como aquella forma de poder conversar y escucharnos. Necesitamos poder entender que somos diferentes, como condición de una narrativa que nos posibilite desmontar el lenguaje de la violencia. Facilitar ya el diálogo ayudará a silenciar los ruidos de la guerra, en todas sus expresiones.

El padre Elías López S.J., dijo que la paz tiene que ser alegría, una emoción que tiene su fuente en la espiritualidad. Sostuvo que aquellos países, culturas, comunidades o familias que están en un conflicto realmente violento, tienen una crisis de espiritualidad. Por eso, para poder encontrarnos desde una fuente transformadora para la paz, primero hay que conectarnos con la fuente interior espiritual, la cual es la más transformadora que existe. Finalizó sosteniendo que la política, la comunicación y la academia sin espiritualidad pueden ser tremendamente violentas.

El almirante (R) Orlando Romero Reyes comentó que, cuando se habla de una transformación cultural, el gran problema es el tiempo, pues se requieren de muchos años para cambiar la forma de pensar, de ver la vida y de reconocernos. Esto nos plantea el gran problema de cómo aprovechar el tiempo que no tenemos. La falta de tiempo nos lleva a pensarnos la paz simplemente como la que se firma, pero que no llega al corazón de cada persona. Entonces, para que se llegue a la paz se necesita partir de las personas. Sumado a esto, está la problemática de que la paz se realiza a través de políticas y planes. Se necesita tender puentes entre lo personal y lo macro a través de cambios en la cultura. Esto, porque la paz no es de los partidos políticos ni de los gobiernos. La paz es de todas las personas y se puede entender como un proceso que se desarrolla desde las personas, partiendo de cada una de nosotras y nosotros.

Camilo León explicó que la prioridad que deberíamos tener como sociedad, teniendo en cuenta el contexto en el que vive el país, es apostar por la construcción de paz. La comunicación para la paz se basa en la ética del cuidado, del amor y en la conexión profunda con las demás personas. Al reconocer esta conexión aprendemos a hacernos cuidadosos con lo que decimos, de manera que la comunicación aporte a la construcción de paz y no desencadene agresiones y violencias. La comunicación para la paz necesita acoger las posiciones de las otras personas y grupos, pues encerrarse en una sola perspectiva y creer que “solo mi idea es válida”, es una barrera para construir la paz. Esta comunicación debe reivindicar las narrativas territoriales y los relatos populares, de una manera que no sea violenta, sino que abra a la diversidad de perspectivas y se cuenten estas desde las mismas voces de quienes protagonizan esas historias. Camilo León hizo una crítica a la ausencia de comunicación y pedagogía para la paz. De igual manera, cuestionó la rapidez de los contenidos y cómo esto afecta el derecho a la información, haciendo la siguiente pregunta: ¿Cómo explica uno las diecisiete mil páginas del informe de la Comisión de la Verdad en treinta segundos? Por último, hizo una invitación a comunicar desde la paz, para que esta sea el camino para abrir la esperanza y apostar por la construcción de vida digna sin exclusiones. Esto no se hace en el frenesí comunicativo que banaliza los hechos y las vidas.

Mery Rodríguez planteó que uno de los desafíos más grandes que se tienen es cómo se hace para cambiar el pensamiento existente de que la única razón y posibilidad es lo que uno cree, porque esto genera un muro difícil de superar. El logro por conseguir es encontrar la forma de acompañarnos a encontrar un lugar en el que no hay un absoluto, sino que hay posibilidades de una construcción conjunta en la que se puedan ver las realidades, los diferentes caminos y posibilidades que antes se veían cerrados e imposibles de tomar. Mery Rodríguez nos hace un llamado a interiorizar la posibilidad de la esperanza. Esto porque en cada persona, y en las diversas tradiciones culturales, existen fuentes y capacidades para hacer los cambios requeridos y sostener la esperanza en la realidad de que construimos muchas paces de muy diversas maneras.

El desafío recae en acompañar a las demás personas para asumir conjuntamente que tenemos en común nuestra humanidad, y que somos responsables de promover la vida digna, no solo de nosotros y nosotras, sino de las demás personas, pues esas otras personas somos nosotros y nosotras. La otra persona soy yo.

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