EnREDados ofrece una breve historia del barrio La Perseverancia, de Bogotá, fuertemente vinculado al 1 de mayo, ya que allí culminó la primera celebración del Día Internacional del trabajo, justo hace 110 años. Además, porque es una historia que permite hacer visible la conciencia de las luchas obreras y populares durante más de un siglo.
El origen del barrio La Perseverancia corresponde a un proceso doble de “saneamiento” de un sector al nororiente de la ciudad través de la urbanización de antigua fincas de las élites. A fin del siglo XIX el sector era un “arrabal”: al sur, un asilo de indigentes, más allá, la cárcel llamada El Panóptico – hoy Museo Nacional-, una fábrica de materiales de construcción que se abastecía de los chircales del sector, la fábrica de Bavaria y un asentamiento de viviendas pobres, que fue demolido por la nación para hacer el Parque Nacional. Por otro lado, la venta de las antiguas fincas dio origen a los barrios Bosque Izquierdo, La Perseverancia y la Macarena, así como al Colegio San Bartolomé La Merced y al Parque Nacional. Cada uno de estos barrios fue construido como una isla, un territorio cerrado, sin vías de continuidad que los uniera, excepto la actual Carrera 5ª. (Colón y Mejía, 2019).
La finca La Perseverancia era propiedad de Daniel Vega, quien en 1912 decidió destinar 17 fanegadas para un barrio obrero. A su muerte, en 1917, se habían vendido 916 lotes. En promedio los lotes eran de 4,30 metros de frente por 8 metros de fondo. “Los clientes eran, en su mayoría, trabajadores de la fábrica de Bavaria, quienes probablemente contaban con algún tipo de financiación por parte del dueño de la empresa, Leo S. Kopp” (Colón y Mejía, 2019, Atlas histórico de Bogotá, p. 178). Parece que Koop había ofrecido hacer un barrio para los obreros de Bavaria desde 1889, pero esto solo se materializó después de más de veinte años. Ruiz y Cruz (2007), sostienen que “Koop (…) descontaba de los salarios de los trabajadores para la compra de los lotes” (p. 19). Sobre este punto no hay un consenso en las diversas fuentes: en una entrevista, Luís García y Eliseo Suárez, habitantes del barrios, sostuvieron que: “Esto antes era una finca que era de unos señores de apellido Vega, este barrio fue construido con el apoyo de Leo Kopp, dueño de Bavaria, quien compró la finca y la loteó a sus empleados” (Ruiz y Cruz, 2007, p. 46). En todo caso, en las escrituras se fijaban compromisos a quienes compraran: construir sus edificaciones, pavimentando el frente, permitir el paso de los desagües vecinos y sembrar un árbol.
Las casas se hicieron por autoconstrucción, principalmente de adobe. Eso explica la demora en la consolidación de La Perse. Además, hubo problemas de aprobación del barrio por parte del Concejo de la ciudad por no cumplir las normas del ancho mínimo para las vías, que eran empedradas; se aprobó finalmente en 1930 como un hecho cumplido. Las condiciones sanitarias fueron el otro problema. No había acueducto, sino que el agua se tomaba de dos fuentes: el Chorro de Padilla y el Río Arzobispo (Ruiz y Cruz, 2007, p. 19), desde las cuales se construyeron luego dos pilas en la parte alta del barrios. Las aguas servidas corrían por zanjas excavadas en el centro de las calles. En 1930 la Junta Cívica hizo un plan para instalar los servicios públicos (acueducto, alcantarillado y luz eléctrica) en el barrio y construir una plaza de mercado. Esto solo fue aprobado por el Concejo en 1938. (Colón y Mejía, 2019). El nombre del barrio fue cambiando. Comenzó como Altos de San Diego, luego se llamó Unión Obrera, y finalmente, la Junta Cívica lo llamó La Perseverancia, para restar importancia a la Unión Obrera.
Esta organización fue creada en 1913. “El 1° de mayo de 1914, fecha en que se celebró por primera vez el día del trabajo en Colombia, se llevó a cabo un desfile entre la plaza de Nariño (San Victorino) hasta la plaza de la Perseverancia, donde se colocó la primera piedra de un monumento al trabajo en un espacio donado para tal fin por Daniel Vega” (Colón y Mejía, 2019, p. 180). Ese día, Vega donó 64 lotes para la construcción de escuelas y espacios para las actividades de la Unión Obrera.
Para comprender la historia de la Unión Obrera hay que hacer una breve reconstrucción de sus orígenes. Hasta comienzos del siglo XX en Bogotá se hablaba de artesanos, para definir todo tipo de actividad productiva; pero ya en la primera década del siglo XX empezó a usarse obrero a la par con artesano. También se empleó obrero durante unos años como sinónimo de industrial. Obrero se empleaba entonces para cualquier actividad productiva, incluyendo las labores del campo; en la mayoría de estos casos, se implicaba una propiedad. (Vega, 2002) Esto se volvió más complejo con el inicio de las primeras fábricas que empleaban motores eléctricos y un sistema de trabajo formalizado, en las primeras décadas del siglo XX (Mayor, 2017). La diferenciación se fue estableciendo a través del pago del salario, surgiendo así un grupo de trabajadores asalariados, propiamente obreros, diferentes de quienes trabajaban en pequeñas empresas o en la producción familiar.
En este contexto, en 1910 nació la Unión Nacional de Industriales y Obreros, cuyos ideales unían la protección de las industrias con la defensa de sus trabajadores. Esta Unión se expresaba en el periódico El Proteccionista. La organización procuró mantenerse al margen de los partidos, a los que acusaban de haber utilizados a los obreros para sus propios fines, promovidos en las guerras civiles del siglo XIX y bajo el liderazgo de caudillos. Pero los partidos republicano, conservador y la iglesia católica, aliada férrea de este último, se movilizaron para controlar y conseguir el apoyo de los obreros hacia sus propias causas.
Esta arremetida se sintió en la prensa, pero también en la represión policial. El desfile del 20 de julio de 1911 terminó con 9 personas muertas y 10 heridas, pues los policías dispararon durante 3 minutos contra la multitud desarmada que gritaba en su contra. Ya unos días atrás los bandos se habían enfrentado cuando los obreros gritaron contra el partido conservador y la religión católica. La reacción de la policía se debió a que se identificaba con los enemigos de los obreros, el partido conservador y la iglesia.
Por su parte, el partido liberal, bajo el liderazgo de Rafael Uribe Uribe, propuso diversas alianzas con miras a las elecciones, prometiendo la protección de la industria, el fomento de la educación pública y el mejoramiento de las condiciones sociales. Pero los resultados solo favorecieron a los liberales, quienes prescindieron de la Unión Obrera a los pocos meses. De esto modo, los obreros aprendieron que si el bando conservador quería controlarlos, los liberales querían desarticularlos.
Con estos aprendizajes, en mayo de 1913 se fundó la Unión Obrera, que se diferenciaba del proceso anterior por sus miembros, que podía ser cualquier persona (de uno y otro sexo), “libre de todo fanatismo político y religioso”, que ejerciera “un arte, profesión u oficio”, motivada por el mejoramiento moral, intelectual y material de “las clases proletarias”, defender sus derechos “de las injusticias y explotaciones desmedidas de algunas clases capitalistas” (Vega, 2002, p. 36). De esto modo, se excluyeron los industriales, y se acusó a algunos empresarios de explotadores. La religión se empezó a considerar un asunto personal. Y reconocieron que el fracaso del anterior proceso se debía a que los industriales tenían fines electorales ajenos a los de los obreros, que estaban mejor representados por el socialismo.
Pero en la Unión Obrera se mezclaban aun intereses en conflictos. El artesanado estaba en crisis, y dependía en buena parte de contratos con el Estado. El proyecto socialista no fue apoyado por ninguno de los partidos tradicionales. Esto puede ayudar a entender que un par de artesanos haya asesinado al caudillo Rafael Uribe Uribe, a quien acusaban a traicionar las causas populares por apoyar al candidato conservador en las elecciones. Aunque la Unión Obrera era ajena a las intenciones de los dos asesinos, los obreros y artesanos compartían la sensación de traición por parte del caudillo liberal, a quien venían como el responsable de sus desgracias.
La Unión Obrera constituye un hito en el proceso obrero por su organización y su oposición a la dictadura de Rafael Reyes, así como por haber organizado por primera vez el 1° de mayo en 1914. Pero pronto fue sustituida como organización obrera. En 1916 surgió el Partido Obrero, con una perspectiva de clase, considerando que quienes trabajan y sufren hambre y miseria, se oponen a la clase que consume sin producir. La Unión Obrera se entendía, dentro del respeto a los derechos de las demás personas, como una unión de trabajadores por encima de las divisiones entre los partidos tradicionales, así como para diferenciarse de los anarquistas, que llamaban a la violencia. Más adelante se declararon unidos a los intelectuales que enseñaban el socialismo científico. Su objeto era la educación popular, el mejoramiento de los salarios y la independencia frente a los partidos. A pesar de esto, terminaron apoyando a la Unión Republicana en 1917, lo que se tradujo en una fuerte crisis. Entonces, el Partido Obrero fue sustituido por el Sindicato Nacional Obrero, de orientación socialista. En síntesis, se trató de un proceso acelerado de cambios de nombre y perspectiva de las organizaciones obreras, que culminaron, después de cesada la Primera Guerra Mundial y la Revolución Rusa (Vega, 2002), con la consolidación de sindicatos de izquierda y sindicatos de derecha, que han evolucionado a los que conocemos hoy en día.
Años más tarde, el barrio La Perseverancia fue conocido como el “cinturón rojo”, porque sus chicherías eran frecuentadas por el poeta Luis Vidales y el político liberal de izquierda Jorge Eliecer Gaitán. Era un barrio gaitanista. El apodo fue puesto por el mismo Gaitán. El mismo político defendió a los habitantes del barrio de los intentos de expropiación por parte de urbanizadores que querían aprovechar su ubicación estratégica. El 9 de abril de 1949, después del magnicidio, los indignados habitantes del barrio se tomaron la estación de policía, se apropiaron de las armas y fueron parte de los protagonistas del Bogotazo.
Muchos de los habitantes actuales son herederos de quienes poblaron La Perseverancia. El barrio es una comunidad porque sus pobladores iniciales se conocían, aunque luego llegaron artesanos y personas de otros lugares de la ciudad, buscando los lotes que se vendían en el sector. Con el tiempo se constituyeron diversas organizaciones sociales y se consolidó como uno de los barrios populares de la ciudad.
Hoy en día se mantienen tradiciones como la fabricación de la chicha, una especie de resistencia por parte de las mujeres de origen campesino, familiares de quienes trabajaban en una fábrica de cerveza. De la chicha se mantiene desde hace varias décadas un festival, que ha sido replicado en otras localidades. Aunque las casas de adobe se han ido transformando en casas de ladrillo, se mantiene la vida de barrio. A esto ayuda su relativo aislamiento del resto de la ciudad. “Sin embargo, el trazado urbano, el parque, la iglesia y cada una de sus calles guardan una historia que convierte al barrio La Perseverancia en un patrimonio para la ciudad”. (Ruiz y Cruz, 2007, p. 20). Este origen campesino, obrero y popular se ha expresado en la plaza de mercado, incluso en su renovación y su apertura al turismo (Martínez et als, 2021).
El barrio “La Perse” se ha identificado como un barrio obrero y su historia está estrechamente relacionada al 1° de mayo, y la toma de conciencia de la clase obrera. Si bien Bavaria facilitó el proceso de poblamiento, los obreros de esta fábrica construyeron sus propias casas. Se trata de un barrio que hace visible un nuevo tipo de relación social, la del industrial y los obreros, como clases que cooperan, pero que tienen intereses muchas veces contrapuestos. Por eso, su historia ha estado vinculada a las luchas obreras, el surgimiento de los sindicatos y de los partidos de izquierda, asociada así a las resistencias y luchas populares centradas en la búsqueda de vida digna. Este pasado 1 de mayo, la Perseverancia volvió a servir para un cierre de la marcha, ofreciendo un espacio de encuentro en torno a las tradiciones obreras y populares.


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