Cuando era pequeño y llegaba el día de las velitas en diciembre junto con todos mis amigos quemábamos alegremente los cuadernos del colegio que llenamos ese año. Quemábamos el conocimiento, quemábamos nuestro futuro, quemábamos lo que necesitábamos, quemábamos El Progreso. Y así fueron pasando mis años, con una escuela que me alejaba de mí mismo, de mi territorio, de mis sentimientos, de mi propia palabra, de mi propia verdad.
Al salir de ahí mi única esperanza fue el arte, aunque al comienzo fue muy difícil porque estaba internamente esterilizado pero la pintura, las formas y la creatividad fueron un canal de liberación y la primera apertura para llegar a escuchar el yo soy, creo en ti, creo que existes, creo que puedes.
¿Luego fue la universidad, y ahí qué? ¿Pa donde cojo? no fue nada fácil, fue, impotencia, desespero, afán, existencialismo… El caso es que fue un viaje entre la agroecología y la sociología, dos campos en los cuales mi alma encontró una vocación pero que el capitalismo no tardó en interrumpirla.
Días después sentir que todos entran a la universidad y tu sales de ella, convencido de que es una cuna de reproducción de las condiciones de producción capitalistas, que tu lugar está en el mundo real, en el conocimiento empírico y transformativo, en los campesinos, en los barrios, en los procesos organizativos, pero al llegar a casa, tu familia, amigos, y hasta tu propia conciencia permeada de prejuicios sociales te dice:
-Sin cartón no vales nada
-No te da miedo?
-Ya no vas a hacer alguien en la vida.
-Uno puede saber si… pero eso no sirve allá afuera
-Así tú lo sientas ese no es el camino correcto
-Salirse de esta vaina es muy complejo
Y ahí me acordé de que la instrucción y la obediencia son los preceptos para obtener un cómodo asiento en nuestra sociedad consumista y destructiva
Sentirme así es como un sube y baja muy alto, sé qué hay pocos de esos, de los que producen vértigo, pero así me siento, en un baile entre la desconfianza, la desorientación y el encuentro conmigo mismo.
Después de algunos años, mi autoconfianza se ha enraizado, en un suelo con rocas, con erosión, con residuos químicos, pero qué día a día intenta regenerarse con abonos emocionales, corporales, educativos y propositivos que inviten a otras almas a enraizarse en sí mismos, en su mismas, en sí mismes.
No sé qué será de mí, no sé si alguien me entienda, solo quería contarlo para expandirme y expandirte, y recordarte al igual que yo me recuerdo a diario que nosotros somos lo que estábamos buscando y esperando. Somos seres inconclusos que catapultados con la esperanza en nuestras acciones cotidianas podemos entender, dimensionar y transformar el micromundo que nos rodea.
Te amo y me amo, somos uno.
Escrito por: Andrés Peña
Comunicador Popular Bacatá Resiste 2022


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